Tim Payne, Milo J, Milei: las dos caras de las redes
"Tim Payne, Milo J, Milei: las dos caras de las redes", escribe Irene Selser en #Entrevías
En los últimos días, tres casos muy distintos entre sí -uno deportivo, otro político y otro artístico-, han quedado unidos por un denominador común: el enorme poder de las redes sociales para generar fenómenos virales, influir en la percepción pública, potenciando o erosionando liderazgos, o bien construir identidades culturales a través del arte.
El 26 de mayo irrumpió en la escena pública el caso de Tim Payne, cuando el influencer argentino de 22 años Valen Scarsini (“El Scarso”), creador de contenido especializado en futbol, lanzó un experimento para demostrar la capacidad de las redes de generar notoriedad casi instantánea. El reto consistía en convertir en una figura mundial a un jugador de la Copa con escasa presencia digital. Desde Buenos Aires eligió al neozelandés Tim Payne, del Wellington Phoenix F.C., de Australia, un delantero prácticamente desconocido fuera de Oceanía, cuya cuenta pasó en apenas una semana de cuatro mil 715 seguidores a más de cinco millones.
Scarsini validó así la capacidad de las redes para crear una comunidad global a partir de una historia compartida, por encima de cualquier campaña comercial tradicional y mediante una narrativa atractiva que terminó convirtiéndose en un fenómeno de entretenimiento colectivo -yo también le di “like” a Tim-. La iniciativa incluyó la pegadiza cumbia “No Payne, No Gain”, difundida en TikTok e Instagram y creada por un músico y maestro argentino de 60 años. La esposa del delantero, Michelle Peters, de origen costarricense, se sumó a la campaña interpretando el tema en un video de agradecimiento. Según explicó, fue ella quien ayudó a Payne a comprender la avalancha de mensajes que comenzaron a llegar sorpresivamente en español a su teléfono desde Argentina, México y otros países de América Latina.
El propio Scarsini también se benefició de la campaña: pasó de tener 585 mil seguidores a superar el millón, como reconoció el 3 de junio en Miami, adonde viajó invitado por la plataforma financiera digital Mercado Pago, perteneciente a la empresa argentina Mercado Libre, para entrevistarse con Payne tras el amistoso entre Nueva Zelanda y Haití.
A la ola viral en la antesala del Mundial se sumaron, entre otras firmas, Duolingo -la plataforma de aprendizaje de idiomas que Payne mencionó para practicar español-; Puma, patrocinadora de la selección de Nueva Zelanda; Domino’s Pizza España, que prometió bautizar una de sus pizzas con su nombre si alcanzaba determinado número de interacciones; la NASA, que difundió una imagen satelital de Nueva Zelanda acompañada del mensaje: “Observando el hogar de Tim Payne desde el espacio”; y la FIFA, que publicó: “Two words: Tim Payne”.
Mientras tanto, en Nueva York -donde se jugarán ocho partidos del Mundial, incluida la final del torneo-, The Wall Street Journal publicó el 5 de junio un artículo crítico sobre la estrategia de confrontación permanente en las redes sociales, en especial en X, del presidente argentino Javier Milei, quien hizo del “trolling online” (troleo en línea) el eje de su estrategia para construir una narrativa política contra el peronismo en el poder y el sistema tradicional, la cual le dio la victoria en 2023. Sin embargo, según el diario -y como muestra la realidad argentina-, ese estilo ha distanciado a Milei de aliados políticos, empresariales y medios de comunicación, al mismo tiempo que se registra una caída en los niveles de aprobación presidencial y una creciente fatiga de sectores de la opinión pública ante la confrontación constante y los insultos como forma de lenguaje.
Para el WSJ, de línea editorial conservadora e históricamente favorable al libre mercado, que ha elogiado los esfuerzos del mandatario de ultraderecha por reducir la inflación, atraer inversiones y reducir el déficit fiscal, las disputas digitales de Milei contra cualquiera que lo adverse ponen en riesgo una eventual reelección en 2027. El título del artículo adelanta esa conclusión: “El trolling online impulsó su ascenso; ahora perjudica su reforma promercado”.
En el extremo opuesto del lado polarizador de las redes, 20 mil jóvenes se dieron cita el 6 de junio en el Palacio de los Deportes para asistir al primer concierto en la Ciudad de México del cantante argentino de 19 años, Milo J (Camilo Joaquín Villarruel), como parte de su gira “La vida era más corta”. Tras presentarse exitosamente en Guadalajara y Monterrey, el compositor y cantante ratificó su capacidad para comunicarse con sus seguidores desde el país más austral del continente; funcionando, en este caso, las plataformas digitales como una herramienta positiva de identificación colectiva.
Previo al concierto, el propio Milo J anunció que este se transmitiría por primera vez en vivo y en directo a través de sus canales en YouTube, TikTok e Instagram, asegurando la difusión gratuita y masiva del evento.
El 24 de diciembre pasado escribimos en este espacio acerca de Milo J como una nueva figura de la música urbana latina, capaz de fusionar rap, hip-hop, trap, baladas y ritmos tropicales, además de recuperar el folclore de su país y de América Latina. Conmovió ver en la transmisión a adolescentes -e incluso a niños y niñas- mexicanos cantando a viva voz con Milo J temas que, por ejemplo, la gran Mercedes Sosa, interpretó hace más de cuatro décadas y que hablan de una realidad aparentemente lejana y ajena, como es la canción “El jangadero”.
Milo J inició su carrera a los 16 años y está revolucionando los escenarios apostando a la autenticidad como marca artística, con temas que parecen creados no por un chico humilde de provincia, sino por un alma antigua comprometida con la realidad, con la cual, gracias a las redes, se identifican hoy millones de jóvenes.
Un ejemplo es la canción “Niño”, coreada por millares en el Palacio de los Deportes:
“Niño, apoyate en mis recuerdos, intentá dormir en paz. / Vi que el miedo al abandono no te deja respirar./ Siento el nudo de tu panza cuando te hablan de papá. / La nostalgia de tu antes no te deja caminar./ ¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad?/ Sé que te querés dormir pa’ no volver a despertar”.












