Clara, la desconocida

"Clara, la desconocida", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras

Desde que se creó la figura de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en sustitución de los antiguos regentes capitalinos, todos los políticos que ocuparon esa posición se convirtieron, automáticamente, en personajes reconocidos a nivel nacional y en figuras públicas que, si combinaban una buena actuación como gobernantes con la resonancia y proyección nacional que tiene la ciudad capital de la República, se convertían en figuras políticas nacionales con posibilidades a aspirar a la Presidencia de la República.

Así ocurrió con el primer jefe de Gobierno electo en el antiguo Distrito Federal, Cuauhtémoc Cárdenas, quien además de venir de dos campañas presidenciales en 1994 y 1988, utilizó la oportunidad de gobernar la capital del país como la plataforma ideal para lanzar su tercera campaña presidencial en el año 2000. Y después del ingeniero, imitando su estrategia, Andrés Manuel López Obrador, se catapultó en 2006 hacia su primera aventura por la Presidencia de la República, luego de haber aprovechado al máximo la proyección nacional que le otorgó la Jefatura de Gobierno con políticas y estrategias que alcanzaron impacto nacional como la pensión para adultos mayores y la realización de sus primeras conferencias mañaneras como gobernante de la ciudad.

Después vendría Marcelo Ebrard, que con una agenda de avanzada en materia de derechos humanos y diversidad sexual y con proyectos exitosos de movilidad como el Metrobús, logró un amplio conocimiento y reconocimiento en toda la República que lo posicionó como un aspirante natural a la Presidencia de la República, posición que tenía segura por el PRD, pero se le atravesó la ambición de López Obrador quien, a pesar de haber perdido las encuestas, en las que Marcelo lo superó en dos de tres sondeos, presionó y coaccionó al entonces jefe de Gobierno para que lo dejara pasar a él como candidato, sólo para que perdiera por segunda ocasión, a manos del mediático candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

El último ejemplo de cómo ser jefe, o en este caso jefa de Gobierno de la CDMX, proyecta a quienes ocupan esa posición a nivel nacional, es de la actual presidenta Claudia Sheinbaum. A pesar de que no tuvo un gobierno tan exitoso y más bien enfrentó serios problemas como el derrumbe de la Línea 12 del Metro, que ocasionó la muerte de 25 personas, la doctora contó, además de la proyección que le daba el cargo, con el apoyo irrestricto e incondicional de su mentor, Andrés Manuel López Obrador, quien desde la Presidencia la fue llevando, la cuidó y protegió, hasta convertirla en candidata en un proceso interno que terminó severamente cuestionado por al menos dos de los participantes que cuestionaron duramente los resultados.

Todo esto viene a cuento porque hoy Clara Brugada, como jefa del Gobierno de la Ciudad de México, si bien suspira como todos su antecesores por atravesar la calle que separa el Palacio Nacional de su oficina en el Palacio del Ayuntamiento, su imagen y sus niveles de conocimiento a nivel nacional están muy por debajo de los que tenían cualquiera de sus antecesores que ocuparon ese cargo.

Datos de varias casas encuestadoras que miden los niveles de aprobación y conocimiento de la gobernante capitalina han registrado una fuerte caída en la calificación de su gobierno, que pasó de tener niveles de 75% en su primer año, a caer hasta cifras de un 56%, con un 43% de desaprobación, lo que significa una caída de 21 puntos en este segundo año de ejercicio.

La ausencia de obra pública o de infraestructura en la capital, los problemas operativos y de falta de mantenimiento del Metro, que sufre constantes fallas, retrasos y accidentes en sus instalaciones, sumado al deterioro del asfalto en calles y avenidas por la presencia de baches, y a la grave problemática del drenaje, que provoca inundaciones cada que llueve en la ciudad, y al congestionamiento del tráfico y la falta de medidas y programas para mejorar la movilidad de los capitalinos, podrían explicar la pérdida de imagen y aprobación de Brugada, que a pesar de tener mejoras en las cifras de seguridad, no termina de convencer a muchos capitalinos.

Su más reciente iniciativa con miras al Mundial de Futbol que se inaugura mañana en el estadio Azteca, a la que ella misma bautizó como la "ajolotización" de la ciudad, generó más polémica que aprobación o reconocimiento de los capitalinos. Sobre todo porque, más allá de que el ajolote sea una especie nativa de la CDMX y en peligro de extinción, el uso político que le dio al peculiar anfibio no coincide con el abandono de su administración a los canales de Xochimilco, que no sólo están contaminados con descargas no controladas de aguas negras , sino que el sistema hídrico de esa alcaldía del sur capitalino está cada vez más acotado y reducido por el avance de la mancha urbana y de la voracidad de comerciantes, propietarios y prestadores de servicios turísticos que han cambiado la vocación agrícola de Xochimilco para convertirlo en un atractivo turístico que no tiene ningún plan de mitigación o manejo del daño ambiental.

A eso se le suma su decisión de pintar toda la infraestructura urbana de la ciudad con tonos morados y lilas, decisión que no fue ni informada ni explicada y mucho menos socializada entre los habitantes de la ciudad, y que encima resultó ser contraria a los reglamentos de tránsito y vialidad que obligan a pintar de colores específicos, como el amarillo, acotamientos, señalizaciones y zonas de tránsito vehicular, por razones de seguridad y alertamiento para los conductores.

Y si ya eso había atizado la controversia sobre su repintado, hubo dos hechos que terminaron por afectar la opinión de los capitalinos sobre el trabajo del gobierno de su ciudad. La primera, que se diera a conocer en una nota del diario Reforma que la empresa contratista a la que se asignó la labor de pintar y repintar puentes, bardas, avenidas y cualquier otra superficie pintable, era nada menos que por Imagen y Color, S.A de C.V, la misma empresa que durante sus seis años como alcaldesa de Iztapalapa se convirtió en la contratista "consentida" de Clara Brugada, que le otorgó contratos públicos por 137.4 millones de pesos, que sumados a otros 122 millones de contratos que le ha otorgado desde el gobierno capitalino, a partir de 2024, suman en total casi 250 millones de pesos.

En total, de 2019 a 2024, Brugada le dio a su empresa consentida, que además hace de todo, desde vender vehículos, impresiones, material deportivo o instalar aulas digitales, hasta servicios de pintura de brocha gorda. Y ahí vino el segundo problema con la "ajolotización" brugadista: que los señores de Imagen y Color incluyeron en su "manita de pintura" a la ciudad los acotamientos, bordes y señales viales de avenidas y vías rápidas de la ciudad, que se pintaron de color morado oscuro, poniendo en riesgo a los conductores de vehículos e incumpliendo con el reglamento de señalética vial en la ciudad.

Las críticas de expertos y urbanistas de la UNAM y de otras universidades, acusaron la gravedad de esa decisión y las violaciones a reglamentos locales, nacionales e internacionales, pero en lugar de asumir la responsabilidad, el gobierno de Brugada mandó a su secretario de Obras, Raúl Basulto Luviano, a difundir un video en el que el funcionario se deslinda del problema y la violación y termina culpando a la empresa contratista por haber pintado de morado y alterado la señalética y dice que fue la propia empresa la encargada de repintar y absorber el costo millonario que significó ese error. Lo que no dijo el señor Basulto es que a él le correspondía supervisar y dirigir el trabajo de la empresa contratista y haber detectado a tiempo el error, además de ordenar corregirlo.

En fin, que los aciertos o desatinos de Clara Brugada Molina, en ya dos años de que ganó la elección como jefa de Gobierno, se resume no sólo en la fuerte caída en sus niveles de aprobación, sino también en otro dato que registran las encuestas y que, de acuerdo con encuestadores consultados por esta columna, refleja un dato negativo para el desempeño de la actual gobernante capitalina: sus niveles de conocimiento a nivel nacional en este momento no rebasan el 25% de mexicanos que la conocen.

El dato contrasta con el resto de sus antecesores en ese cargo que al terminar su primer año de gobierno ya tenían niveles de conocimiento en el resto de la República de hasta 50% o más, dependiendo del trabajo y la proyección de cada uno. Y no es que quien gobierne la ciudad tenga que ser conocido o aprobado en otro estado que no sea la CDMX que es donde gobiernan, pero el que tan pocos mexicanos, apenas la cuarta parte, conozcan quién es en este momento la gobernante de la capital del país, confirma que la estrategia y el desempeño de la administración brugadista no ha sido el mejor.

Eso sí, si como dicen incluso sus más cercanos, la señora Brugada ya empezó a soñar con ser candidata presidencial en 2030, entonces el dato de que no la conozcan los mexicanos o la conozcan pocos sí debería de ser motivo de alarma y de revisión de ella y su equipo de gobierno porque claramente, si se le compara con el 50% de conocimiento que tenían en esta misma etapa sus antecesores, algo no está funcionando como debiera en el ajolotizado gobierno de la capital… Se detienen los dados. Doble Escalera y subimos.